
Torre-campanario de la catedral de Santa María de Murcia, la insignia, el santo y seña de la ciudad y su vega, vista desde la pasarela del río Segura, cerca del antiguo Club de Remo.
La omnipresente torre-campanario de la catedral. Para cualquier murciano, creyente o no, sería impesable -y hasta traumático- alzar la mirada y no divisar un trozo de cielo apuntandose a sí mismo. A los piés de la celestial torre, el río Tháder... y demás cosas terrenales.
El Ayuntamiento de Murcia con su lema "Agua para todos", está situado en una bonita y céntrica plaza conocida como Glorieta de España, antiguo centro de la capital. De estilo neoclácico, fue construido en el siglo XIX por el arquitecto Juan José Belmonte. Cuenta con un atractivo y moderno edifico anexo realizado por el arquitecto tudelano Rafael Moneo allá por los años 90 del pasado siglo y del que tomáría su apellido tan singular edificio. Durante la época musulmana aquí se erigía el Palacio del Príncipe, perteneciente al Alcázar Nasir o alcázar mayor de la ciudad. Diversas reformas en el siglo XVIII y la definitiva de Belmonte a medidados del XIX es el que contemplamos en la actualidad, según foto ilustrativa. En primer plano, esa hermosa bandera española, al fondo la fachada principal del consistorio murciano
La Gran Vía murciana, eje comercial de la capital del Tháder. Para su construcción (a medidados de 1950) los responsables municipales no dudaron en cometer uno de los actos vandálicos más deplorables contra el patrimonio histórico-cultural de la milenaria ciudad: la demolición de palacetes, casas señoriales, cientos de edificios medievales, jardines y hasta unos magníficos baños árabes. Todo un atropello que no justifica para nada que la avenida se convirtiera en el centro comercial, administrativo, económico, financiero y social de Murcia, es decir, el corazón de Murcia.
El Jardín de Floridablanca un paraje ideal para el relax de los murcianos y sus visitantes. Se encuentra en el castizo barrio del Carmen situado en la margen derecha del río Tháder, fue creado a mediados del siglo XIX, por lo que es el jardín público más antiguo de la ciudad. Está dedicado al ilustre murciano D. José Moñino y Redondo, Conde de Flroridablanca, quien fuera ministro, mano derecha, ojo izquierdo, los dos pies, corazón y cerebro de Carlos III y Carlos IV. Todo un ejemplo de murciano agradecido con la tierra que lo vió nacer y a la que prodigó en bienaventuranzas.
El Jardín del Malecón y su paseo -a la izquierda y en alto- éste fué construido hacia el siglo XV en un principio como muro de contención de las crecidas del otrora imprevisible y voraz río Tháder y vuelto a reedificar en el XVIII. Hoy día es lugar de esparcimiento y recreo, de los amantes del paseo o del relax y sitio escogido para celebrar numerosos acontecimientos muy ligados a las fiestas populares de la ciudad. Aquí y en sus alrededores se ubican numerosas barracas huertanas en la Fiestas de Primavera, excusa ideal para los visitantes para mezclarse entre sus gentes, disfrutar de la rica gastronomía murciana, gozar de la explosión de colores que propicia la entrada de la Primavera, impregnarse de los sutiles aromas del azahar que desprenden los limoneros y naranjos en flor y sentir el placer que proporciona a los cinco sentidos la ciudad. Murcia siempre merece la pena visitar, pero en estas fechas casi sería un pecado no hacerlo.
El Palacio del Almudí, construido en el siglo XV como depósito de grano, fue posteriormente depósito de armas y también Audiencia Judicial. Sufrió en el siglo XVII la caída de un rayo, destruyendo gran parte del palacio. En la actualidad es sede del Archivo Municipal, uno de los más completos de España. En su interior alberga un espectacular patio con columnas que nos trasladan a la Murcia barroca. Posee una grandiosa sala con unas espectaculares columnas toscanas.
Panorámica de Murcia y su fértil vega, hecha desde el Santuario de la Fuensanta, patrona de la ciudad.
La Virgen de los Peligros se alza protectora en el Puente Viejo o de los Peligros sobre el río Tháder, que divide la ciudad en dos. Cualquier murciano que se precie se santigua al pasar ante su imagen, o al menos, inclinar la cabeza en señal de respeto.
El río Tháder que cruza y divide la ciudad en dos. Se puede divisar el Puente Viejo o de los Peligros visto desde la pasarela del antiguo Club de Remo.
El río Segura -añorado Thader- a su paso por la capital murciana.
Palmeras y el centenario ficus en la Plaza de Santo Domingo.
La emblemática Casa Cerdá, de estilo ecléctico, preside la entrada en la Plaza de Santo Domingo desde el Paseo de Alfonso X El Sabio. Fue construida para solaz de una conocida y poderosa familia de comerciantes murcianos, los Cerdá, allá por la década de los años treinta del siglo pasado.
La Plaza de Santo Domingo, con su ficus centenario.
El Palacio Episcopal, sede de la histórica Diócesis Carthaginensis.